Ahora que ya os he hablado de lo mucho que me gusta GATTACA creo que es justo que la critique en condiciones.
Para empezar, la historia es la de un tipo que no duda en saltarse cualquier norma con el fin de satisfacer su ambición personal. Para ello sacrifica hasta la relación que tiene con su hermano por algo de lo que este último no tiene culpa (el nació con esas cartas, no fue su elección), que es algo que entiendo pero que no comparto.
Hay otra manera de ver esa intrahistoria del juego de la gallina, y se resume en que Vincent es un miserable que corre y hace correr a Anton un riesgo tan absurdo e inasumible que lo lógico es que les cueste la vida a ambos. Y es que no, no todo vale amigo.
Esto nos lleva a pensar en los límites como tales.
¿Cuales son? ¿Podemos superarlos? O la más profunda ¿qué es lo que nos mueve?
Creo, y esto es muy opinable, que los límites son como las asíntotas, infranqueables. Y lo son por algo.
Lo que muchas veces nos mueve es conocer dónde están. No nacemos con un librito de instrucciones en el que nos especifican qué podemos o no podemos hacer y muchas veces no hacemos cosas por no atrevernos a medir nuestras propias posibilidades.
Así pues a veces la vida nos pone en situaciones incómodas, en las que jamás nos hemos visto, y no sabemos reaccionar porque no nos conocemos lo suficiente. A veces el cuerpo nos pide tantearnos, pero otras no, y tan importante es tantearnos como no jugarnos el pellejo por idioteces.
Este es mi segundo #relatosLímites para Divagacionistas.