No recuerdo bien cuándo ni sobre todo el porqué. Un día, al levantarme, noté un dolor fuerte. Empezaba por el lado derecho de la espalda y ascendía hasta una mano más abajo de la clavícula, en el pecho. Me sorprendió tanto que me palpé a ver si realmente tenía algo clavado. Y se me vino a la cabeza el pilum romano, esa lanza con una punta larga y delgado de metal que al impactar atravesaba la carne y se doblaba, provocando una herida grave y dificultando mucho su posible extracción.
El dolor me acompañó días, meses. Calculando a lo bruto, de febrero a junio. Durante ese tiempo aprendí a convivir con esa lanza invisible. Me obligaba a caminar despacio, a charlar poco y con frases cortas incluso me molestaba en ejercicios de fuerza. Me agarraba los pulmones impidiéndome ya no llenarlos de todo, si no que hasta pasarme levemente de la mitad de capacidad me causaba desasosiego. Podía, pero no me compensaba llegar hasta allí.
Después de la sorpresa y de las pesquisas iniciales para encontrar su origen, en vano, me fui acostumbrando a vivir con ella. Llegó el punto en el que di por hecho que me acompañaría para siempre. Cuando eres joven no eres consciente de que va a llegar un momento en el que tu cuerpo te va a imponer sus propias normas y te va a condicionar hasta tu propia forma de pensar, pero a medida que te vas encontrando que, no sé, esa articulación va a peor, esa fluidez de movimientos que tenías ya no es más que un recuerdo simplemente te vas adaptando.
Con el tiempo, a medida que se acercaba un mes con otras preocupaciones y una carga física importante, ese dolor se fue atenuando hasta dejar de condicionarme. Tal vez estaba allí, pero ya no le dedicaba tiempo. No me atreví a pensar que había desaparecido hasta un año largo después y aún hoy temo que cualquier día vuelva a aparecer.
¡Anda que no le habré dado yo vueltas a la causa de ese pilum! Una, peculiar, surgió precisamente al ver este tema de Divagacionistas , el #relatosPromesas . ¿Podría ser una promesa, de las de verdad, de las que pesan no cumplida? ¿Un sentimiento de culpa, de fracaso, de no haber encontrado la tecla para resolver un problema?
Podría.