Naranjito

AlbertoR
2 min readMay 31, 2021

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Allá por el principio de mis tiempos, en una etapa tan lejana de la que los recuerdos son escasos y vagos, tuve un juguete como tantos otros. Una lámina de plástico redonda, de la que salían unas protuberancias con forma de extremidades, dos piernas, y dos brazos pegados sosteniendo un balón de fútbol. En el cuerpo se apreciaba una camiseta roja y unos pantalones azules. En los ojos, unas bolitas que se movían. Era Naranjito.

Lo sé porque muchos años después me lo encontré por casa, cual vestigio de otra época y a la vez incipiente síntoma de mi costumbre de guardar cosas más allá de la lógica. Creo que si busco lo suficiente aún es posible que me lo encuentre.

Naranjito, la mascota del Mundial de fútbol de 1982, celebrado en España.

Tanto hace de aquella que no estoy seguro ni de que me gustara el fútbol de aquella, aunque tuve pelota (también de baloncesto) y jugué desde siempre.

Naranjito fue, es, un símbolo muy efímero y a la vez increíblemente duradero. Si mal no recuerdo, España se presentó al mundial, a su Mundial, con aspiraciones, como tantas otras veces. Cayó muy pronto y como suele pasar, se olvidó rápido.

Pasaron los años. Descubrí en el fútbol (como en el baloncesto) una afición que compartía con mi padre, y me caló como deporte y como vínculo.

Más tarde aún fui a ver un partido del juvenil de mi equipo y al preguntar dónde jugaban me dijeron “en el campo de entrenamiento del Mundial del 82” e inconscientemente solté un “el de Naranjito”. Y efectivamente.

Tal es el legado de esa naranja vestida de futbolista que fue mascota de un evento deportivo de hace la friolera de cuarenta años.

Esta ñoñería participa en el #relatosMascotas de Divagacionistas de este mes. Espero que os guste.

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Desde las sombras todo se ve más claro

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