Confieso que cuando vi el tema de este mes pensé ¿otra vez? Y es que estaba convencido de que de esto ya habíamos escrito.
Pude comprobarlo en la propia web de Divagacionistas y también en mi archivo, pero me dio cierta pereza y le quitaba un poco de gracia, así que echando cuentas mi seguridad de que el tema es repetido anda por un 75% , importante, pero con una incertidumbre a tener en cuenta.
Mientras le daba vueltas a la cabeza llegué a la conclusión de que es muy pero que muy probable que acabe escribiendo sobre lo mismo de la otra vez porque…
Y de ahí surgió la idea.
Creo que cada persona tiene un patrón, una forma de comportarse prácticamente invisible para el resto. Con sus pautas básicas y sus variantes, sus y/os particulares que definen durante su vida.
Esa manera de ser la define, la hace previsible. Esto a la vez es positivo, le permite reconocerse y ser consecuente con sus actos, y a la vez negativo, le limita la sensación de libertad y de libre albedrío. Digamos que cuesta no pensar que ante unas circunstancias parecidas otra persona de patrón similar no tomara las mismas decisiones.
Agobia.
Pero es que incluso uno mismo parece que se acaba comportando siempre de la misma manera, como un bucle sin fin como un… Déjà vu.
Este cuento participa en el #relatosDejavude @divagacionistas , espero que os guste.