Hoy os voy a hablar de GATTACA, tal vez mi película favorita.
La historia transcurre en un futuro distópico donde la calidad de tu genética dictamina hasta donde puedes llegar en la vida.
En este mundo conocemos a Vincent, un chico engendrado del modo habitual y que carga con unos condicionantes complicados (propensión al infarto, entre otras muchas patologías graves) que limitan su futuro. Vincent tiene un hermano, Anton, engendrado evitando todas esas posibles taras que tiene su hermano y que por tanto tiene un techo mucho más alto.
Ambos son conscientes de su situación y mientras que Anton, el beneficiado, está cómodo con sus posibilidades, Vincent se encuentra que las suyas chocan con su propia ambición (llegar a las estrellas).
Aunque los hermanos se aprecian, se nota en el mayor un resquemor hacia el pequeño y esto se traduce en que constantemente lo reta.
— Aquí llega una de las intrahistorias que hacen a esta película memorable —
Uno de esos retos es el juego de la gallina, en el que ambos se meten en el mar y nadan alejándose de la orilla hasta que uno se rinde y dan la vuelta. Anton se sabe mejor y siempre gana.
Hasta que un día “ocurre lo impensable” y es Vincent el que gana.
Tiempo después Anton descubre las ambiciones de su hermano y, para ponerlo en su sitio, le propone hacer el juego de la gallina por última vez. De noche, con mal tiempo y por primera vez con miedo y preocupación en la cara de Anton, Vincent vuelve a ganar. Anton le pregunta cómo lo hace, cómo consigue derrotarlo pese a tener todo en contra. La respuesta de Anton es maravillosa “no dejándome jamás nada para la vuelta”.
Me resulta imposible no conmoverme ante semejante escena y el mensaje que desprende es inconfundible.
La ambientación, la musica, la propia historia y el ritmo al que se narra hacen de esta película una de mis favoritas de siempre y no puedo hacer otra cosa que recomendárosla.
No sé de quién ha sido la idea de este tema para el relato de este mes, pero gracias. Con esto concluye mi primer #relatosLímites de Divagacionistas