1–10–2022

AlbertoR
2 min readSep 30, 2024

--

Va a hacer dos años del día del que toca hablar, el día en el que se acababa una aventura y empezaba otra, el día en el que tenían que salir las cosas bien.

Como tal lo tenía planeado con detalle. Los tiempos, las actividades, los materiales, el cuerpo. Incluso qué sentir y cuando hacerlo.

O eso pensaba yo.

Segunda o tercera filas, borde izquierdo, con una mesa que crujía al apoyar los brazos y una silla que me quedaba baja y lejos, centrado, un temporizador rojo. Allí se decidía mi futuro.

Apoyándome en el manido deporte, competí mal. No fui capaz de plasmar todo el esfuerzo que había realizado, no encontraba las respuestas correctas. Fui consciente, nada más empezar, que realmente no había planteado correctamente la situación y que no estaba preparado para un mal inicio.

El tiempo, que debería sobrarme, comenzó a pesar cada vez más y mi ánimo se desplomó, consciente de que estaba viviendo material para mis futuras pesadillas.

Mientras se me escapaban los minutos, una parte de mi trataba de hacerlo lo mejor posible, de remontar, de lograr la gesta. Pero otra parte de mi comenzó a pensar en ese final amargo del camino. Me fijé entonces en aquellas puertas metálicas que cobraron otro significado. Cruzarlas supondría acabar como no quería y comenzar un nuevo camino probablemente una vuelta al pasado, no tan desconocido, pero amargo.

El tiempo acabado, la suerte echada, la espada de Damocles se venció sobre mi, y tuve que salir.

La gente se arremolinaba sobre el personal buscando información, pero no era mi caso. Mirada gacha, ausente, no quería ver, no quería ser visto, no quería interactuar. Tampoco irme.

Pasé un rato perdido, ausente, mientras el cansancio se me echaba encima.

Tenía pendiente encontrar a mi cara amiga. No era justo desaparecer sin verla.

La encontré en lo que me pareció una eternidad, que resultaron ser 45 minutos.

Charlamos un rato, aunque con sólo cruzar nuestras miradas ambos conocimos el destino del otro.

Muchas vueltas le he dado a aquel día, en el que tuve la verdad al alcance, y elegí otra opción. Aquel uno de octubre resultó no ser, ni de lejos, el peor día del año. Tampoco aquellas puertas resultaron ser el umbral, y sí aquella mirada sin esperanza.

Este es mi peculiar #relatosUmbral para Divagacionistas, espero que os guste.

--

--

AlbertoR
AlbertoR

Written by AlbertoR

Desde las sombras todo se ve más claro

No responses yet